Son preguntas simples, casi todas de un click. Con lo que me cuentes te devuelvo el camino más corto hasta donde querés llegar, sin los errores que cometí yo: poco riesgo, poca inversión y margen para adaptarte cuando algo cambie.
Es gratis y te llega por mail en dos o tres días. La leo yo antes de mandártela, y no te llama nadie: la leés y decidís vos. Si querés seguir, hay una reunión de 30 a 60 minutos, y es paga (hoy, USD 50): es para trabajar tu caso, no para venderte nada. Cada implementación se cotiza aparte.
Varias preguntas están para decirte que no: si algo no te va a rendir, prefiero avisarte antes que vendértelo. Lo que contestás no se comparte con nadie.
¿Todavía no tenés clientes, o solo le vendiste a conocidos? Andá al diagnóstico para el que está arrancando →
Marcá lo que te quita el sueño hoy, no lo que te gustaría mejorar algún día. Si son varias, marcalas todas; y si lo tuyo no está, contalo en el comentario.
Como se lo contarías en un asado: qué hacés, para quién, en qué zona (o si vendés online a todo el país) y cómo te pagan: por trabajo, por pedido, por consulta (particular u obra social) o con una cuota todos los meses, y si te vuelven a comprar. No el medio —transferencia o efectivo—, sino por qué cobrás. Con una línea alcanza, el detalle lo hablamos después.
Pensá en la semana pasada: ¿qué pateaste hasta el último momento? Si en el comentario me contás cuál es exactamente, la propuesta sale mucho más precisa.
Pensá en una semana con unas horas de más: ¿en qué se te irían? Si es descansar, marcalo sin culpa: también es un buen motivo, y cambia cómo te lo propongo.
Contá todo lo que entra: consultas nuevas, clientes de siempre, pedidos y turnos. No hace falta que lo mires en ningún lado: la sensación alcanza. Y si no tenés idea, marcá eso — también me dice algo y no es un problema.
Si mañana tuvieras que decirle a alguien cuánto le cobraste al último cliente, ¿dónde irías a mirar? Que esté desordenado es lo normal, no lo raro.
Que el resultado sea distinto no cuenta: dos cocinas distintas salen por el mismo camino (tomar medidas, presupuesto, seña, fabricar, colocar). Lo que cuenta es cuando tuviste que frenar: el cliente cambió todo después de la seña, la obra social rebotó la orden, abriste la pared y no era lo que te habían dicho. Si eso te pasa en casi todos, marcá la última: no te deja afuera, cambia lo que te propongo.
No es quién decide: es quién lo abriría un martes a la mañana. Si hoy no hay nadie, marcalo: cambia lo que te propongo, no te deja afuera.
Es tu precio, el que le pasás a cualquiera que te pregunta «¿cuánto sale?». Si tenés varios, el de lo que más seguido hacés, no el más caro. Si vendés productos, lo que suele gastar alguien en un pedido, no una sola cosa. Si atendés por obra social, lo que te termina entrando por sesión. Si cobrás un abono o una cuota, lo de un mes. Redondeando alcanza: los pesos de al lado están para que no tengas que hacer la cuenta. Y si preferís no decirlo, no pasa nada.
Pensá en lo último que cobraste y en lo que se fue por el camino: la mercadería o los materiales, lo que le pagaste a quien te ayudó, tu parte del alquiler, el envío y la comisión de Mercado Pago, Mercado Libre o el posnet. Si revendés, lo que pagaste por lo que vendiste ya cuenta: comprar a 60 y vender a 100 es que se te van 60, más los gastos. Si atendés por obra social, sumá lo que te retienen o te debitan. Lo tuyo no lo restes: si trabajás solo, no te cuentes un sueldo como gasto. Da igual la moneda porque es de cada 100, y redondeando alcanza. Si nunca hiciste la cuenta, marcalo: es de las respuestas que más me sirven.
Pensá en lo peor que podría salir de un mensaje o un presupuesto mandado sin que lo mires. Si en lo tuyo un error se paga caro —una dosis, una receta, una transferencia, un contrato— marcá la última aunque nunca te haya pasado.
Vale cualquier intento, aunque haya durado una semana. Si lo dejaste, contá en el comentario por qué: me evita proponerte lo mismo.
Ir a tus datos y mandarlo →Lo de abajo es para el que tiene dos minutos más. Son las que más sirven, pero se trabaja igual sin ellas.
Pensá en los últimos mensajes que te llegaron antes de una venta o un trabajo: ¿qué se repite? Con dos o tres alcanza. Y si te parece obvio, ponelo igual — lo obvio para vos casi nunca lo es para el que recién llega.
Si la respuesta es «y… nada», ponelo. Es perfectamente válida y nos dice mucho.
Lo que te da bronca, lo que te da orgullo, el cliente que perdiste y todavía te duele, la idea que tenés hace rato y no te animás. Lo que ya te funciona bien y no querés que nadie te toque. Algo de tu rubro que alguien de afuera no vería ni mirando todo. Y si ya probaste algo para esto —una app, un sistema, una agencia, alguien que te lo iba a hacer— contame qué pasó: eso me evita proponerte algo que ya no te funcionó. De acá suele salir lo mejor, más que de todo lo de arriba.
Con el nombre de pila alcanza. Si preferís que te escriba por el nombre del negocio, poné ése — también sirve.
El que mirás, no el que tenés abandonado.
Con código de área alcanza: 11 5555 5555.
Pegá el link, no lo escribas de memoria. Si no tenés, dejalo vacío — eso también me dice por dónde arrancar.
El de tu negocio; si no tenés uno del negocio, el tuyo sirve igual. Si manejás varias, pegá la que más usás. Y si no tenés ninguna red, escribí «No tengo Instagram» y seguí: también me dice por dónde arrancar.
Con esto arranca tu devolución. Si algo quedó en blanco no pasa nada — se trabaja igual.