Diagnóstico

Contame en qué proyecto estás trabajando, o cuál querés crear

Son preguntas simples, casi todas de un click. Con lo que me cuentes te devuelvo el camino más corto hasta donde querés llegar, sin los errores que cometí yo: poco riesgo, poca inversión y margen para adaptarte cuando algo cambie.

Qué te llevás (gratis, por mail, en dos o tres días) y cómo sigue
  • Lo que entendí de lo tuyo, escrito con tus palabras, después de mirar lo que tengas público — tu web, tus redes, cómo aparecés en Google.
  • Por dónde empezaría yo, en orden — y qué te conviene no tocar todavía, con el motivo.
  • Una sola cosa para hacer esta semana, que la puedas hacer sin ayuda de nadie, y qué mirás el viernes para saber si sirvió.

Es gratis y te llega por mail en dos o tres días. La leo yo antes de mandártela, y no te llama nadie: la leés y decidís vos. Si querés seguir, hay una reunión de 30 a 60 minutos, y es paga (hoy, USD 50): es para trabajar tu caso, no para venderte nada. Cada implementación se cotiza aparte.

Varias preguntas están para decirte que no: si algo no te va a rendir, prefiero avisarte antes que vendértelo. Lo que contestás no se comparte con nadie.

Doce preguntas ≈ 5 minutos Se guarda solo
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Tu negocio

Cuatro preguntas, 3 de un click

¿Qué es lo que más te preocupa hoy de tu negocio?

Marcá todas las que te pasen
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¿Todavía no tenés clientes, o solo le vendiste a conocidos? Andá al diagnóstico para el que está arrancando →

Por qué te lo pregunto
Es tu problema más importante, y por ahí arranca la devolución.
¿No sabés qué marcar?

Marcá lo que te quita el sueño hoy, no lo que te gustaría mejorar algún día. Si son varias, marcalas todas; y si lo tuyo no está, contalo en el comentario.

¿Qué vendés, a quién, dónde y cómo te pagan?

Por qué te lo pregunto
Con esto hago un estudio de tu mercado: miro tu rubro, a quién le vendés y dónde, y cómo se comunica tu competencia, y te propongo distintas formas de comunicar lo tuyo según lo que encuentre.
¿No sabés por dónde arrancar?

Como se lo contarías en un asado: qué hacés, para quién, en qué zona (o si vendés online a todo el país) y cómo te pagan: por trabajo, por pedido, por consulta (particular u obra social) o con una cuota todos los meses, y si te vuelven a comprar. No el medio —transferencia o efectivo—, sino por qué cobrás. Con una línea alcanza, el detalle lo hablamos después.

¿Qué parte de tu semana dejarías de hacer mañana mismo?

Marcá todas las que te pasen
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Por qué te lo pregunto
Lo que te pesa es donde automatizar se nota desde el primer día.
¿No sabés qué marcar?

Pensá en la semana pasada: ¿qué pateaste hasta el último momento? Si en el comentario me contás cuál es exactamente, la propuesta sale mucho más precisa.

Si la semana te dejara unas horas libres, ¿en qué las usarías?

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Por qué te lo pregunto
La propuesta apunta a lo que querés hacer, no solo a lo que querés sacarte.
¿No sabés qué marcar?

Pensá en una semana con unas horas de más: ¿en qué se te irían? Si es descansar, marcalo sin culpa: también es un buen motivo, y cambia cómo te lo propongo.

Cómo está armado hoy

Ocho, todas de tildar

En una semana normal, ¿cuánta gente te escribe, te pide turno o te hace un pedido?

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Por qué te lo pregunto
Para calibrar el tamaño de lo que te proponga: no es lo mismo ordenar 10 mensajes por semana que 100. Me sirve igual un número bajo que uno alto.
¿No sabés qué marcar?

Contá todo lo que entra: consultas nuevas, clientes de siempre, pedidos y turnos. No hace falta que lo mires en ningún lado: la sensación alcanza. Y si no tenés idea, marcá eso — también me dice algo y no es un problema.

¿Dónde anotás hoy lo de tus clientes?

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Por qué te lo pregunto
Casi todo lo que se puede automatizar depende de dónde está hoy el dato.
¿No sabés qué marcar?

Si mañana tuvieras que decirle a alguien cuánto le cobraste al último cliente, ¿dónde irías a mirar? Que esté desordenado es lo normal, no lo raro.

De los últimos diez trabajos, pedidos o consultas que te entraron, ¿cuántos salieron por el camino de siempre, sin tener que frenar a resolver algo aparte?

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Por qué te lo pregunto
No es si trabajás a medida o en serie: es cuánto se repite el camino de un trabajo al otro. Cambia qué se puede ordenar solo y qué necesita tu criterio cada vez.
¿No sabés qué marcar?

Que el resultado sea distinto no cuenta: dos cocinas distintas salen por el mismo camino (tomar medidas, presupuesto, seña, fabricar, colocar). Lo que cuenta es cuando tuviste que frenar: el cliente cambió todo después de la seña, la obra social rebotó la orden, abriste la pared y no era lo que te habían dicho. Si eso te pasa en casi todos, marcá la última: no te deja afuera, cambia lo que te propongo.

Si te dejo algo armado, ¿quién lo abriría todos los días?

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Por qué te lo pregunto
Lo que se construye vive o se muere según quién lo abre todos los días. Prefiero saberlo antes de armar nada.
¿No sabés qué marcar?

No es quién decide: es quién lo abriría un martes a la mañana. Si hoy no hay nadie, marcalo: cambia lo que te propongo, no te deja afuera.

Un pedido, un turno o un trabajo de los que más hacés: ¿cuánto sale, más o menos?

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Por qué te lo pregunto
Con tu precio y la gente que te escribe por semana calculo cuánto mueve cada cosa que te proponga, en tu número y no en uno inventado.
¿No sabés qué marcar?

Es tu precio, el que le pasás a cualquiera que te pregunta «¿cuánto sale?». Si tenés varios, el de lo que más seguido hacés, no el más caro. Si vendés productos, lo que suele gastar alguien en un pedido, no una sola cosa. Si atendés por obra social, lo que te termina entrando por sesión. Si cobrás un abono o una cuota, lo de un mes. Redondeando alcanza: los pesos de al lado están para que no tengas que hacer la cuenta. Y si preferís no decirlo, no pasa nada.

De cada $100 que cobrás, ¿cuánto se te va en mercadería o materiales, en pagarle a otros y en gastos?

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Por qué te lo pregunto
Con esto sé si lo que te proponga se paga con lo que te queda, y no con lo que entra. Si nunca hiciste la cuenta, eso ya me dice por dónde empezar.
¿No sabés qué marcar?

Pensá en lo último que cobraste y en lo que se fue por el camino: la mercadería o los materiales, lo que le pagaste a quien te ayudó, tu parte del alquiler, el envío y la comisión de Mercado Pago, Mercado Libre o el posnet. Si revendés, lo que pagaste por lo que vendiste ya cuenta: comprar a 60 y vender a 100 es que se te van 60, más los gastos. Si atendés por obra social, sumá lo que te retienen o te debitan. Lo tuyo no lo restes: si trabajás solo, no te cuentes un sueldo como gasto. Da igual la moneda porque es de cada 100, y redondeando alcanza. Si nunca hiciste la cuenta, marcalo: es de las respuestas que más me sirven.

Si algo que te armo contesta o manda solo y se equivoca, ¿qué pasa?

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Por qué te lo pregunto
Decide qué puede quedar andando solo y qué tiene que pasar por vos antes de salir.
¿No sabés qué marcar?

Pensá en lo peor que podría salir de un mensaje o un presupuesto mandado sin que lo mires. Si en lo tuyo un error se paga caro —una dosis, una receta, una transferencia, un contrato— marcá la última aunque nunca te haya pasado.

¿Ya probaste algo para ahorrarte trabajo en el negocio?

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Por qué te lo pregunto
Para no proponerte lo que ya te falló, y entender por qué falló.
¿No sabés qué marcar?

Vale cualquier intento, aunque haya durado una semana. Si lo dejaste, contá en el comentario por qué: me evita proponerte lo mismo.

Lo que no entra en ninguna pregunta

Tres opcionales — no cuentan para la barra, saltalas si estás cansado

Ir a tus datos y mandarlo →Lo de abajo es para el que tiene dos minutos más. Son las que más sirven, pero se trabaja igual sin ellas.

Antes de comprarte o contratarte, ¿qué te preguntan siempre que no tengas contestado en tu Instagram, tu web o un mensaje ya armado?OPCIONAL

Por qué te lo pregunto
Lo que te preguntan siempre y no está contestado en ningún lado es lo que tu web y tus mensajes tendrían que contestar solos: de ahí sale cómo comunicar lo tuyo, y es lo único que no puedo averiguar sin vos.
¿No sabés por dónde arrancar?

Pensá en los últimos mensajes que te llegaron antes de una venta o un trabajo: ¿qué se repite? Con dos o tres alcanza. Y si te parece obvio, ponelo igual — lo obvio para vos casi nunca lo es para el que recién llega.

¿Por qué ahora? ¿Qué pasa si dentro de seis meses todo sigue igual?OPCIONAL

Por qué te lo pregunto
Para saber con qué urgencia conviene moverse.
¿No sabés por dónde arrancar?

Si la respuesta es «y… nada», ponelo. Es perfectamente válida y nos dice mucho.

Contame lo que quieras de tu negocio — incluso lo que creas que no viene al caso.OPCIONAL

Por qué te lo pregunto
Porque lo que no entra en ninguna pregunta suele ser lo que más importa.
¿No sabés por dónde arrancar?

Lo que te da bronca, lo que te da orgullo, el cliente que perdiste y todavía te duele, la idea que tenés hace rato y no te animás. Lo que ya te funciona bien y no querés que nadie te toque. Algo de tu rubro que alguien de afuera no vería ni mirando todo. Y si ya probaste algo para esto —una app, un sistema, una agencia, alguien que te lo iba a hacer— contame qué pasó: eso me evita proponerte algo que ya no te funcionó. De acá suele salir lo mejor, más que de todo lo de arriba.

¿Cómo te contacto?

Lo último, y es corto. No se lo doy a nadie y no te va a llamar ningún vendedor.

¿Cómo te llamás?

Por qué te lo pregunto
Para escribirte a vos y no «al titular». Es lo primero que vas a leer arriba de tu devolución.
¿No sabés por dónde arrancar?

Con el nombre de pila alcanza. Si preferís que te escriba por el nombre del negocio, poné ése — también sirve.

Tu mail

Por qué te lo pregunto
Es a donde te llega la devolución. Sin esto no tengo cómo hacértela llegar.
¿No sabés por dónde arrancar?

El que mirás, no el que tenés abandonado.

Tu WhatsApp

Por qué te lo pregunto
Los mails se van a spam. Si no te llega, te aviso por acá que ya está lista. No te escribo por nada más.
¿No sabés por dónde arrancar?

Con código de área alcanza: 11 5555 5555.

Tu página web, si tenésOPCIONAL

Por qué te lo pregunto
Antes de escribirte nada voy a mirar lo que ya tenés público: la devolución sale de ahí.
¿No sabés por dónde arrancar?

Pegá el link, no lo escribas de memoria. Si no tenés, dejalo vacío — eso también me dice por dónde arrancar.

Tu Instagram, tu Facebook, o donde estés en internet — si no tenés, escribí «no tengo» y seguí

Por qué te lo pregunto
Antes de escribirte miro cómo le hablás hoy a tus clientes: ahí se ve el negocio de verdad, no como lo cuenta un formulario. Es la mitad del diagnóstico y me ahorra hacerte diez preguntas más.
¿No sabés por dónde arrancar?

El de tu negocio; si no tenés uno del negocio, el tuyo sirve igual. Si manejás varias, pegá la que más usás. Y si no tenés ninguna red, escribí «No tengo Instagram» y seguí: también me dice por dónde arrancar.

¿Terminaste?

Con esto arranca tu devolución. Si algo quedó en blanco no pasa nada — se trabaja igual.