Pasás el día apagando incendios y el negocio te espera para mañana.
¿Todavía no vendiste nada, o vendiste unas pocas veces y casi todas a conocidos? Este no es tu diagnóstico. Andá al que sí lo es → Conviene elegir ahora: son dos formularios distintos y lo que escribas en uno no se pasa al otro.
No soy programador: aprendí a construir con IA las herramientas que mis propios negocios necesitaban —un panel de contabilidad que se usa todos los días, una app, un bot que contesta solo— y hoy las construyo para otros. Por eso lo primero que te pregunto no es qué automatizar: es qué te está comiendo el día.
21 preguntas, la mayoría de un click. No hay respuestas correctas: lo que contestes decide qué te propongo y, sobre todo, qué NO. Hay además siete opcionales para escribir — si te quedan dos minutos más, son las que más sirven.
Es gratis y te llega por mail. Te la mando en dos o tres días; si me demoro más, te aviso yo. La arma un sistema que construí y la leo yo antes de mandártela. No te llama nadie: la leés y decidís vos.
Pensá en las últimas cinco personas nuevas que aparecieron: ¿por dónde entró cada una? El que entró caminando por la puerta o el que te llamó cuentan igual. Marcá todas, aunque sean pocas.
Pensá en la última persona nueva que te compró: antes de escribirte, ¿dónde te miró? Si no tenés idea, elegí por dónde te parece más probable — no hace falta que lo mires en ningún lado. Y si la respuesta honesta es que nadie te busca y todo llega porque alguien te recomendó, marcá la última: es de las respuestas que más cambian lo que te propongo.
No hace falta que lo mires en ningún lado: la sensación alcanza. Si vendés productos y la gente te compra directo, sin preguntar nada antes, contá los pedidos nuevos: me sirve igual. Y si no tenés idea, marcá eso — también me dice algo y no es un problema.
Pensá en el último trabajo que entregaste y en el anterior: con el más parecido a lo de siempre alcanza. Es lo que factura, no lo que te queda. Si varía muchísimo, marcá eso — también me dice algo. Y si preferís no decirlo, no hay problema: lo hablamos después.
El mes pasado alcanza, y redondeando. Si tenés meses buenos y malos, marcá «cambia mucho»: que sea irregular ya es un dato, y de los que más pesan.
Nadie tiene esto a mano y no pasa nada: la mayoría marca «no lo tengo medido», y es de las respuestas más útiles que me podés dar. Si querés estimarlo, pensá en el último trabajo: lo que facturaste menos lo que pagaste de materiales, gente y todo lo demás.
Como se lo contarías en un asado: qué hacés, para quién, y si te pagan por hora, por trabajo, por mes o cuando entregás. Con una línea alcanza — no hace falta que sea prolijo, el detalle lo hablamos después.
Pensá en la última semana de trabajo y hacete una sola pregunta: ¿te sobró tiempo o te faltó? Y si dudás entre dos, elegí la que te haga acordar a algo que pasó de verdad este mes.
Si mañana tuvieras que decirle a alguien cuánto le cobraste al último cliente, ¿dónde irías a mirar? Marcá todos los lugares. Que esté desordenado es lo normal, no lo raro.
Pensá en alguien concreto que te preguntó el mes pasado y no te compró. Si hoy quisieras volver a escribirle, ¿de dónde lo sacarías? Contestá por lo que pasa de verdad, no por lo que te gustaría tener armado: las cuatro son situaciones normales y ninguna es la respuesta correcta.
Pensá en el último día completo de trabajo: ¿en qué se te fue el tiempo que no era hacer tu trabajo? Si algo no está en la lista, escribilo en el comentario de abajo — eso suele ser lo más útil de todo el formulario.
Si dudás entre dos, elegí la que te haría festejar si mañana desapareciera.
Pensá en los últimos tres clientes y compará: ¿cuánto tuviste que cambiar de uno a otro? Las tres respuestas me sirven igual — no hay una que me guste más. Lo que cambia es qué te voy a proponer, no si te propongo algo.
No pienses en «mi cliente» en general: pensá en UNA persona concreta, la última. ¿Qué la hizo escribirte justo ese día y no tres meses antes? Si no te acordás de la última, agarrá cualquiera de este año. Y si te escribió sin contarte nada, poné eso: que no cuenten nada también nos dice algo.
Textual, si te acordás — vale más una frase mal dicha que un resumen prolijo. Si no dijo nada, contá qué hizo: si sacó una foto, si te recomendó, si volvió. Y si quedó disconforme, poné eso: es más útil que un elogio.
No es quién lo va a decidir: es quién va a abrirlo un martes a la mañana. Si hoy no hay nadie, marcalo — es la respuesta más útil de todas y cambia lo que te propongo, no te deja afuera.
Acordate de la última vez que salió mal de verdad: ¿cómo te enteraste? A todos les sale algo mal alguna vez — lo que cambia de negocio en negocio no es eso, es quién se entera y cuándo. Si en tu rubro un error se paga caro —una dosis, una receta, una transferencia— marcá la primera aunque nunca te haya pasado. Y si de verdad no te pasó nunca, marcá la última: también nos dice algo.
Dos renglones: una cosa que harías un domingo sin que nadie te pague, y una que venís pateando hace semanas. Si te gusta todo, decilo — también es un dato. Y si lo que odías es justo lo que más plata trae, ése es el primer lugar donde miro.
Pensá en los últimos mensajes que te llegaron antes de una compra: ¿qué se repite? No hace falta que sean muchos, con dos o tres alcanza. Y si te parece obvio, ponelo igual — lo obvio para vos casi nunca lo es para el que recién llega.
Puede ser cómo atendés, un proveedor de años, la forma en que cotizás, un cliente que te banca desde siempre. Si algo te salió bien a fuerza de años y de macanas, quiero saberlo antes de proponerte cambiar nada al lado. Con un renglón alcanza.
Si la respuesta es «y… nada», ponelo. Es perfectamente válida y nos dice mucho.
Lo que te da bronca, lo que te da orgullo, el cliente que perdiste y todavía te duele, la idea que tenés hace rato y no te animás. Y si ya probaste algo para esto —una app, un sistema, una agencia, alguien que te lo iba a hacer— contame qué pasó: eso me evita proponerte algo que ya no te funcionó. De acá suele salir lo mejor, más que de todo lo de arriba.
Puede ser una maña de tus clientes, algo de la temporada, algo que aprendiste a fuerza de macanas. Si no se te ocurre nada, saltala.
Con el nombre de pila alcanza. Si preferís que te escriba por el nombre del negocio, poné ése — también sirve.
El que mirás, no el que tenés abandonado.
Con código de área alcanza: 11 5555 5555.
Pegá el link, no lo escribas de memoria. Si no tenés, dejalo vacío — eso también me dice por dónde arrancar.
El de tu negocio; si no tenés uno del negocio, el tuyo sirve igual. Si manejás varias, pegá la que más usás. Y si no tenés ninguna red, escribí «No tengo Instagram» y seguí: también me dice por dónde arrancar.
¿Todavía no vendiste nada, o vendiste unas pocas veces y casi todas a conocidos? Este no es tu diagnóstico. Andá al que sí lo es →
Con esto arranca tu devolución. Si algo quedó en blanco no pasa nada — se trabaja igual.