Son preguntas simples, casi todas de un click. Con lo que me cuentes te devuelvo el camino más corto hasta donde querés llegar, sin los errores que cometí yo: poco riesgo, poca inversión y margen para adaptarte cuando algo cambie.
¿Ya tenés clientes que te pagan seguido, gente que no conocías? Este no es tu diagnóstico. Andá al que sí lo es →
Es gratis y te llega por mail en dos o tres días. La leo yo antes de mandártela, y no te llama nadie: la leés y decidís vos. Si querés seguir, hay una reunión de 30 a 60 minutos, y es paga (hoy, USD 50): es para trabajar tu caso, no para venderte nada. Cada implementación se cotiza aparte.
Varias preguntas están para decirte que no: si algo no te va a rendir, prefiero avisarte antes que vendértelo. Lo que contestás no se comparte con nadie.
Como se lo contarías en un asado: qué es y a quién se lo venderías primero. Si tenés en la cabeza a una persona real —«mi vecina de la verdulería», «los que entrenan conmigo a la mañana»— nombrala: una persona con nombre vale más que «la gente». Con una línea alcanza; no hace falta que esté definido ni que suene prolijo.
Vale cualquier plata, una sola vez, barato. Si te dejó una seña, eso ya es plata: marcá la de arriba que corresponda. «Está buenísimo, avisame cuando esté» no cuenta: un elogio no cuesta nada. Y «todavía nadie» es lo más común: es el punto de partida. Si ya vendiste algunas veces, poné en el comentario cuántas fueron: no es lo mismo tres que treinta.
Contá charlas reales, aunque hayan sido cortas: una compañera de trabajo, la vecina, alguien que conociste por otro lado. Si tus primeras ventas fueron a conocidos eso cuenta, y ya me lo contaste arriba: acá busco otra cosa, gente que no te debe nada. Por eso familia y amigos no van, no porque no sirvan, sino porque te van a decir que sí a todo. Y si en esas charlas les contaste tu idea, marcá la última: no está mal, pero cuenta distinto, porque en el segundo en que la contás la charla deja de ser sobre ellos y pasa a ser sobre vos.
Pensá en la última persona que viste queriendo o necesitando esto: ¿qué hizo? Si lo tuyo es un producto —algo que se come, se usa o se regala— la pregunta es la misma: ¿qué compran hoy en vez de lo tuyo, y dónde? Marcá todo lo que se te ocurra; si sabés más o menos cuánto pagan por eso, ponelo en la aclaración. Y «no sé cómo lo resuelven» es una respuesta que dice algo, no un hueco.
Pensá en el momento exacto en que se te ocurrió: dónde estabas, qué viste o qué te dijeron. Elegí la que más se parece a ese momento; si fueron dos cosas, la que pasó primero.
Pensalo literal: si el viernes alguien te transfiere, ¿el lunes tiene algo en la mano? Aunque lo hagas vos, en tu casa, con lo que tenés, aunque te dé vergüenza cómo quedó: eso cuenta como sí. Si lo que te frena es un trámite o algo que todavía no tenés, marcá la tercera y contá qué es en la aclaración.
No te pregunto cuánto: sólo qué tipo de cosas ya pusiste. Marcá todo, aunque te parezca poco: lo que compraste para probar, las horas de pruebas, lo que ya tenés hecho. Y si todo está en la cabeza todavía, marcá eso: también es un punto de partida.
Contestá lo que es hoy, aunque después cambie. Si nunca lo pensaste, «no lo pensé» es la respuesta, y es la más común. Si seguís pase lo que pase, marcalo: es un dato, no una falta. Si marcás la de los ahorros no te voy a pedir el número: lo único que me dice es que esto no puede tardar. Y si tenés un número en la cabeza —cuántas ventas, cuántos clientes— ponelo en la aclaración: una fecha sin número es la mitad.
Dos renglones: una cosa que harías gratis un domingo, y una que venís pateando hace semanas. Si todavía hiciste poco, pensá en lo que sí hiciste —probar, contarlo, averiguar precios— y con cuál te enganchaste. Y si nada te gusta todavía, decilo: el gusto casi siempre viene después de ser bueno, no antes.
Contestá con las semanas normales, no con las buenas. No te pregunto de qué vivís: sólo cuánto tiempo te queda, porque de eso depende el tamaño de lo que te proponga. «Ratos sueltos» es la respuesta más común de todas y no es una falta. Y si venís dedicándole cada vez menos, marcalo: eso lo tengo que saber antes de proponerte nada.
Ir a tus datos y mandarlo →Lo de abajo es para el que tiene dos minutos más. Son las que más sirven, pero se trabaja igual sin ellas.
Si ya lo mostraste, empezá por la frase que te dijeron, aunque sea cortita y aunque te dé bronca: «te aviso», «lo voy a pensar», «está caro», o directamente que no te contestaron más. Sirve mucho más textual que resumida: la excusa casi nunca es el motivo real, pero es por donde se empieza a buscar. Después, en un renglón, qué pensás vos. Y si todavía no se lo mostraste a nadie, escribí eso mismo y qué creés que te frena: es de las respuestas que más me dicen.
No importa si lo anterior terminó bien o mal, ni si duró dos meses: la feria a la que fuiste una vez o los pedidos que hacías para conocidos cuentan. Y si te acordás de qué fue lo que lo frenó, escribilo en la aclaración: eso es justo lo que no quiero que te vuelva a pasar.
Puede ser cualquier cosa: te quedaste sin trabajo, alguien te lo pidió, se te ocurrió y no te lo podés sacar de la cabeza, cumpliste años. Si la respuesta es «y… nada, se dio», ponelo: también es una respuesta y nos dice mucho.
Lo que te entusiasma, lo que te da miedo, lo que ya intentaste y no salió, la idea que no te animás a contar en voz alta. Algo que sabés de esta gente o de este rubro que alguien de afuera no se imagina. Si hay alguien más metido en esto con vos, decime quién es y qué hace cada uno. De acá suele salir lo mejor, más que de todo lo de arriba.
Con el nombre de pila alcanza. Si preferís que te escriba por el nombre del negocio, poné ése — también sirve.
El que mirás, no el que tenés abandonado.
Con código de área alcanza: 11 5555 5555.
Vale una página a medio hacer, una tienda de Mercado Libre o Tienda Nube, un PDF de catálogo, un Linktree. Pegá el link, no lo escribas de memoria. Si todavía no hay nada, dejalo vacío: la mayoría está así y no es un problema.
El del proyecto, si ya lo abriste; si no, el tuyo sirve igual. Vale cualquier lado donde te vean: Facebook, TikTok, tu tienda de Mercado Libre, LinkedIn. Si sólo tenés el personal y preferís no pasármelo, dejalo vacío. Pegá el link, no lo escribas de memoria.
Con esto arranca tu devolución. Si algo quedó en blanco no pasa nada — se trabaja igual.