Diagnóstico

Contame en qué proyecto estás trabajando, o cuál querés crear

Son preguntas simples, casi todas de un click. Con lo que me cuentes te devuelvo el camino más corto hasta donde querés llegar, sin los errores que cometí yo: poco riesgo, poca inversión y margen para adaptarte cuando algo cambie.

¿Ya tenés clientes que te pagan seguido, gente que no conocías? Este no es tu diagnóstico. Andá al que sí lo es →

Qué te llevás (gratis, por mail, en dos o tres días) y cómo sigue
  • Lo que entendí de lo tuyo, escrito con tus palabras. Si ya hay algo público —una cuenta, unas fotos, una página a medias— lo miro antes de escribirte; y si todavía no hay nada, mejor: no hay nada que desarmar.
  • Qué de esto ya es un hecho y qué todavía es una suposición tuya — y cómo se prueba cada una sin gastar.
  • Una sola cosa para probar esta semana, sin gastar un peso, y qué mirás el viernes para saber si sirvió.

Es gratis y te llega por mail en dos o tres días. La leo yo antes de mandártela, y no te llama nadie: la leés y decidís vos. Si querés seguir, hay una reunión de 30 a 60 minutos, y es paga (hoy, USD 50): es para trabajar tu caso, no para venderte nada. Cada implementación se cotiza aparte.

Varias preguntas están para decirte que no: si algo no te va a rendir, prefiero avisarte antes que vendértelo. Lo que contestás no se comparte con nadie.

Diez preguntas ≈ 6 minutos Se guarda solo
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Lo que estás armando

Diez preguntas, 8 de un click

Contame en dos renglones qué estás armando —o qué vendiste— y para quién.

Por qué te lo pregunto
Para entender de qué estamos hablando antes de que yo opine cualquier cosa.
¿No sabés por dónde arrancar?

Como se lo contarías en un asado: qué es y a quién se lo venderías primero. Si tenés en la cabeza a una persona real —«mi vecina de la verdulería», «los que entrenan conmigo a la mañana»— nombrala: una persona con nombre vale más que «la gente». Con una línea alcanza; no hace falta que esté definido ni que suene prolijo.

¿Alguien ya te pagó por esto, aunque sea un amigo?

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Por qué te lo pregunto
Que alguien haya pagado es la única prueba de que lo quiere. Lo que te dijeron, lo que te parece a vos y lo que me parece a mí todavía no lo son.
¿No sabés qué marcar?

Vale cualquier plata, una sola vez, barato. Si te dejó una seña, eso ya es plata: marcá la de arriba que corresponda. «Está buenísimo, avisame cuando esté» no cuenta: un elogio no cuesta nada. Y «todavía nadie» es lo más común: es el punto de partida. Si ya vendiste algunas veces, poné en el comentario cuántas fueron: no es lo mismo tres que treinta.

Sin contar familia ni amigos: ¿con cuántas personas de las que lo comprarían hablaste?

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Por qué te lo pregunto
Hablar antes de construir es lo que separa a los que se enteran a tiempo de los que se enteran cuando ya gastaron.
¿No sabés qué marcar?

Contá charlas reales, aunque hayan sido cortas: una compañera de trabajo, la vecina, alguien que conociste por otro lado. Si tus primeras ventas fueron a conocidos eso cuenta, y ya me lo contaste arriba: acá busco otra cosa, gente que no te debe nada. Por eso familia y amigos no van, no porque no sirvan, sino porque te van a decir que sí a todo. Y si en esas charlas les contaste tu idea, marcá la última: no está mal, pero cuenta distinto, porque en el segundo en que la contás la charla deja de ser sobre ellos y pasa a ser sobre vos.

La gente a la que se lo querés vender: hoy, sin vos, ¿cómo lo consigue?

Marcá todas las que te pasen
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Por qué te lo pregunto
Eso que ya usan es tu competencia de verdad, y «no hacer nada» también compite.
¿No sabés qué marcar?

Pensá en la última persona que viste queriendo o necesitando esto: ¿qué hizo? Si lo tuyo es un producto —algo que se come, se usa o se regala— la pregunta es la misma: ¿qué compran hoy en vez de lo tuyo, y dónde? Marcá todo lo que se te ocurra; si sabés más o menos cuánto pagan por eso, ponelo en la aclaración. Y «no sé cómo lo resuelven» es una respuesta que dice algo, no un hueco.

¿De dónde salió la idea?

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Por qué te lo pregunto
Para saber de dónde viene: cada origen se comprueba de una manera distinta, y ninguno es mejor que otro.
¿No sabés qué marcar?

Pensá en el momento exacto en que se te ocurrió: dónde estabas, qué viste o qué te dijeron. Elegí la que más se parece a ese momento; si fueron dos cosas, la que pasó primero.

¿Podrías entregarlo la semana que viene, aunque sea a mano, feo y para una sola persona?

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Por qué te lo pregunto
Si podés entregar aunque sea a mano, podés vender antes de armar nada. Y eso es lo más barato que existe para saber si esto va.
¿No sabés qué marcar?

Pensalo literal: si el viernes alguien te transfiere, ¿el lunes tiene algo en la mano? Aunque lo hagas vos, en tu casa, con lo que tenés, aunque te dé vergüenza cómo quedó: eso cuenta como sí. Si lo que te frena es un trámite o algo que todavía no tenés, marcá la tercera y contá qué es en la aclaración.

¿Qué le pusiste ya a esto?

Marcá todas las que te pasen
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Por qué te lo pregunto
Me quedé afuera de tres negocios que funcionaron por invertir antes de validar. Por eso miro esto primero: para cuidar lo que ya pusiste, no para juzgarlo.
¿No sabés qué marcar?

No te pregunto cuánto: sólo qué tipo de cosas ya pusiste. Marcá todo, aunque te parezca poco: lo que compraste para probar, las horas de pruebas, lo que ya tenés hecho. Y si todo está en la cabeza todavía, marcá eso: también es un punto de partida.

¿Cuánto tiempo le vas a dar a esto antes de decir «esto no fue»?

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Por qué te lo pregunto
Ponerle una fecha ahora, con la cabeza fría, es lo que después te deja seguir o parar por decisión tuya y no por cansancio.
¿No sabés qué marcar?

Contestá lo que es hoy, aunque después cambie. Si nunca lo pensaste, «no lo pensé» es la respuesta, y es la más común. Si seguís pase lo que pase, marcalo: es un dato, no una falta. Si marcás la de los ahorros no te voy a pedir el número: lo único que me dice es que esto no puede tardar. Y si tenés un número en la cabeza —cuántas ventas, cuántos clientes— ponelo en la aclaración: una fecha sin número es la mitad.

De todo lo que tiene esto —hacerlo, mostrarlo, venderlo, cobrar, los papeles—, ¿qué parte te gusta y cuál harías con la nariz tapada?

Por qué te lo pregunto
Lo que te gusta es lo que sostiene esto cuando nadie te empuja. Lo que no te gusta hay que saberlo ahora, porque las primeras ventas las hacés vos, a mano — y si justo eso es lo de la nariz tapada, ése es el primer problema a resolver.
¿No sabés por dónde arrancar?

Dos renglones: una cosa que harías gratis un domingo, y una que venís pateando hace semanas. Si todavía hiciste poco, pensá en lo que sí hiciste —probar, contarlo, averiguar precios— y con cuál te enganchaste. Y si nada te gusta todavía, decilo: el gusto casi siempre viene después de ser bueno, no antes.

¿Cuánto tiempo real por semana le podés dar a esto?

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Por qué te lo pregunto
La única tarea que te voy a dejar tiene que entrar en el tiempo que tenés de verdad. Si te dejo una de ocho horas y tenés tres, no la vas a hacer, y la culpa es mía.
¿No sabés qué marcar?

Contestá con las semanas normales, no con las buenas. No te pregunto de qué vivís: sólo cuánto tiempo te queda, porque de eso depende el tamaño de lo que te proponga. «Ratos sueltos» es la respuesta más común de todas y no es una falta. Y si venís dedicándole cada vez menos, marcalo: eso lo tengo que saber antes de proponerte nada.

Lo que no entra en ninguna pregunta

Cuatro opcionales — no cuentan para la barra, saltalas si estás cansado

Ir a tus datos y mandarlo →Lo de abajo es para el que tiene dos minutos más. Son las que más sirven, pero se trabaja igual sin ellas.

¿Qué pensás que te está faltando para que alguien te compre?OPCIONAL

Por qué te lo pregunto
Si tenés una idea de qué te está frenando, me da por dónde empezar a buscar. Si no, saltala.
¿No sabés por dónde arrancar?

Si ya lo mostraste, empezá por la frase que te dijeron, aunque sea cortita y aunque te dé bronca: «te aviso», «lo voy a pensar», «está caro», o directamente que no te contestaron más. Sirve mucho más textual que resumida: la excusa casi nunca es el motivo real, pero es por donde se empieza a buscar. Después, en un renglón, qué pensás vos. Y si todavía no se lo mostraste a nadie, escribí eso mismo y qué creés que te frena: es de las respuestas que más me dicen.

¿Es la primera vez que armás algo para vender?OPCIONAL

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Por qué te lo pregunto
Si ya pasaste por esto, media devolución sale de lo que te pasó la vez anterior y no de lo que suponga yo.
¿No sabés qué marcar?

No importa si lo anterior terminó bien o mal, ni si duró dos meses: la feria a la que fuiste una vez o los pedidos que hacías para conocidos cuentan. Y si te acordás de qué fue lo que lo frenó, escribilo en la aclaración: eso es justo lo que no quiero que te vuelva a pasar.

¿Por qué ahora y no hace un año? ¿Qué cambió?OPCIONAL

Por qué te lo pregunto
Para saber con qué urgencia conviene moverse, y qué fue lo que te empujó a arrancar justo ahora.
¿No sabés por dónde arrancar?

Puede ser cualquier cosa: te quedaste sin trabajo, alguien te lo pidió, se te ocurrió y no te lo podés sacar de la cabeza, cumpliste años. Si la respuesta es «y… nada, se dio», ponelo: también es una respuesta y nos dice mucho.

Contame lo que quieras de esto que estás armando — incluso lo que creas que no viene al caso.OPCIONAL

Por qué te lo pregunto
Porque lo que no entra en ninguna pregunta suele ser lo que más importa.
¿No sabés por dónde arrancar?

Lo que te entusiasma, lo que te da miedo, lo que ya intentaste y no salió, la idea que no te animás a contar en voz alta. Algo que sabés de esta gente o de este rubro que alguien de afuera no se imagina. Si hay alguien más metido en esto con vos, decime quién es y qué hace cada uno. De acá suele salir lo mejor, más que de todo lo de arriba.

¿Cómo te contacto?

Lo último, y es corto. No se lo doy a nadie y no te va a llamar ningún vendedor.

¿Cómo te llamás?

Por qué te lo pregunto
Para escribirte a vos y no «al titular». Es lo primero que vas a leer arriba de tu devolución.
¿No sabés por dónde arrancar?

Con el nombre de pila alcanza. Si preferís que te escriba por el nombre del negocio, poné ése — también sirve.

Tu mail

Por qué te lo pregunto
Es a donde te llega la devolución. Sin esto no tengo cómo hacértela llegar.
¿No sabés por dónde arrancar?

El que mirás, no el que tenés abandonado.

Tu WhatsApp

Por qué te lo pregunto
Los mails se van a spam. Si no te llega, te aviso por acá que ya está lista. No te escribo por nada más.
¿No sabés por dónde arrancar?

Con código de área alcanza: 11 5555 5555.

¿Hay algo ya armado dando vueltas? Página, tienda, catálogo — aunque esté a medias.OPCIONAL

Por qué te lo pregunto
Si ya pusiste trabajo o plata en algo, quiero verlo antes de proponerte nada: lo que ya está hecho cambia por dónde se arranca.
¿No sabés por dónde arrancar?

Vale una página a medio hacer, una tienda de Mercado Libre o Tienda Nube, un PDF de catálogo, un Linktree. Pegá el link, no lo escribas de memoria. Si todavía no hay nada, dejalo vacío: la mayoría está así y no es un problema.

Tu Instagram, o donde estés en internet, si ya hay algoOPCIONAL

Por qué te lo pregunto
Antes de escribirte miro lo que ya haya en público, aunque sea poco: cómo lo estás contando y a quién le estás hablando. Si todavía no hay nada, arrancar de cero también me dice por dónde empezar.
¿No sabés por dónde arrancar?

El del proyecto, si ya lo abriste; si no, el tuyo sirve igual. Vale cualquier lado donde te vean: Facebook, TikTok, tu tienda de Mercado Libre, LinkedIn. Si sólo tenés el personal y preferís no pasármelo, dejalo vacío. Pegá el link, no lo escribas de memoria.

¿Terminaste?

Con esto arranca tu devolución. Si algo quedó en blanco no pasa nada — se trabaja igual.