Trece preguntas, casi todas de un click. No hay respuestas correctas: lo que contestes decide qué te propongo y, sobre todo, qué NO. Hay además cinco opcionales para escribir — si te quedan dos minutos más, son las que más sirven.
Si ya cobraste alguna vez por esto, contás como que vendés — aunque haya sido poco. ⚠️ Si marcás «Todavía no vendí nada»: este formulario está armado para un negocio que ya factura, así que varias de las que siguen no te van a cerrar. Contestá las que puedas y usá el espacio libre del final — te mandamos el que sí es para tu momento.
Contalo como se lo contarías a alguien en un asado. Qué hacés, para quién, y cómo te pagan (por hora, por trabajo, por mes, cuando entregás). Dos renglones alcanzan: no hace falta que sea prolijo.
Pensá en los últimos cinco que te escribieron: ¿por dónde entró cada uno? Marcá todos, aunque sean pocos.
No hace falta que lo mires en ningún lado: la sensación alcanza. Y si no tenés idea, marcá eso — también nos dice algo y no es un problema.
Pensá en la última semana de trabajo y hacete una sola pregunta: ¿te sobró tiempo o te faltó? Y si dudás entre dos, elegí la que te haga acordar a algo que pasó de verdad este mes.
Si mañana tuvieras que decirle a alguien cuánto le cobraste al último cliente, ¿dónde irías a mirar? Marcá todos los lugares. Que esté desordenado es lo normal, no lo raro.
Pensá en el último día completo de trabajo: ¿en qué se te fue el tiempo que no era hacer tu trabajo? Si algo no está en la lista, escribilo en el comentario de abajo — eso suele ser lo más útil de todo el formulario.
Si dudás entre dos, elegí la que te haría festejar si mañana desapareciera.
Pensá en los últimos tres clientes y compará: ¿cuánto tuviste que cambiar de uno a otro? Las tres respuestas nos sirven igual — no hay una que nos guste más. Lo que cambia es qué te vamos a proponer, no si te proponemos algo.
No es quién lo va a decidir: es quién va a abrirlo un martes a la mañana. Si hoy no hay nadie, marcalo — es la respuesta más útil de todas y cambia lo que te proponemos, no te deja afuera.
Acordate de la última vez que salió mal de verdad: ¿cómo te enteraste? Si en tu rubro un error se paga caro —una dosis, una receta, una transferencia— marcá la primera aunque nunca te haya pasado. Y si de verdad no te pasó nunca, marcá la última: también nos dice algo.
Si la respuesta es «y… nada», ponelo. Es perfectamente válida y nos dice mucho.
Lo que te da bronca, lo que te da orgullo, la idea que tenés hace rato y no te animás. De acá suele salir lo mejor, más que de todo lo de arriba.
Puede ser una maña de tus clientes, algo de la temporada, algo que aprendiste a fuerza de macanas. Si no se te ocurre nada, saltala.
El que mirás, no el que tenés abandonado.
Con código de área alcanza: 11 5555 5555. No lo uso para venderte nada.
Pegá el link, no lo escribas de memoria. Si no tenés, dejalo vacío — eso también me dice por dónde arrancar.
El de tu negocio, no el personal. Si manejás varias, pegá la que más usás.
Con esto arranca tu devolución. Si algo quedó en blanco no pasa nada — se trabaja igual.